domingo, 25 de septiembre de 2016
EL SENTIDO DE LA VIDA
Dentro del ámbito de lo humano existe una pregunta básica, y es por el sentido de la vida misma. En la actualidad puede afirmarse que el ejercicio mismo de la pregunta depende, por mucho, del momento vital que esté atravesando la persona misma. Particularmente me interesa plantear la pregunta a jóvenes que están saliendo de la secundaria e ingresando a la universidad. Esta población me llama la atención por los deseos que manifiestan, así como el hálito de vida que manifiestan.
Pero, en primer lugar, ¿qué significa la pregunta por el sentido de vida para un joven de esta edad? Parece que la sola pregunta comporta una cierta línea de pensamiento que es extraña. La pregunta por la vida puede entenderse como connatural al ser humano, pero no siempre es natural a toda su vida. Es decir, preguntarse por la vida, es ya una pregunta que señala un momento particular de la misma.
En segundo lugar, creo que muchos jóvenes, en los años que corren, llegan a esta pregunta por comparación con aquellos que creen tener una respuesta.
Pero, y en tercer lugar, volviendo a la pregunta original, ¿cuál es el sentido de la vida? si es que lo hay, o ¿a qué nos referimos cuando se plantea esa pregunta? Es claro que hablar de sentido refiere a un horizonte, a una línea divisoria que puede guiar un caminar. Esta analogía topográfica permite entender la vida como un transcurrir permanente, y si bien el horizonte plantea un cierto fin, también es cierto que señala la importancia de los recorridos actuales.
En la antigüedad reciente, me refiero a un par de generaciones pasadas, muchos creían que el sentido de la vida se originaba en el valor de ese horizonte. Es decir, los fines otorgaban el valor a las acciones del presente.
En la actualidad creo que eso no es así. El fin no es otra cosa que ese horizonte inalcanzable por definición, en el cual es posible descansar la mirada cuando la inmediatez nos abruma. Esto no quiere decir que el horizonte sea innecesario, por el contrario se hace más que necesario para poder afrontar el presente. Ahora bien, como ocurre un cambio, entonces el horizonte no es el sostenedor de la actualidad. Lo que brinda valor al momento actual es la calidad de presente que se tenga, la profundidad del hoy, del ahora.
Este cambio de perspectiva denota, entonces, un cambio en el planteamiento de la pregunta por el sentido de la vida. El sentido ya no es más el fin que jalona, el sentido se constituye a partir del modo como cada ser humano vive su presente, vive su hoy en consonancia con lo que surge de su interior.
Pero, la pregunta por la interioridad surgirá en otro momento. Por ahora, basta con agradecer a las generaciones actuales por el regalo de traernos a la mente la importancia de vivir cada día con la profundidad que se merece...
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